Este es un año electoral en Colombia y en buena parte del mundo. La política domina los titulares y marca el pulso del debate público. No es una coincidencia. De los procesos electorales depende, en buena medida, el rumbo económico de los países, la estabilidad de sus instituciones y la confianza de los ciudadanos.
La evidencia empírica es clara. Las democracias exhiben mejores indicadores de desarrollo que los regímenes que no lo son: mayor esperanza de vida, mayores niveles de alfabetización, un PIB per cápita más alto y una inclusión financiera más profunda.