Cuando se habla de crecimiento económico, la atención suele centrarse en las obras que se construyen, las empresas que se expanden o los empleos que se generan. Sin embargo, detrás de cada carretera, cada planta de producción, cada vivienda y cada emprendimiento existe un elemento menos visible, pero indispensable: el financiamiento.
La historia económica demuestra que los países que han acelerado su desarrollo comparten una característica: cuentan con sistemas financieros capaces de transformar el ahorro en inversión y de canalizar recursos hacia proyectos que elevan la productividad y generan bienestar. En otras palabras, el desarrollo no solo se construye; también se financia.