Hay tragedias que cambian en segundos la vida de miles de personas. Una vivienda deja de ser habitable, un negocio pierde su inventario, una carretera desaparece y una familia que hasta el día anterior tenía ingresos y estabilidad comienza a preguntarse cómo volver a empezar.
El terremoto del pasado 10 de agosto dejó precisamente ese desafío en el centro y el occidente del país. Hay pérdidas, sin embargo, que ninguna reconstrucción podrá reparar. La pérdida de vidas que dejó esta tragedia nos duele profundamente. Hoy el país acompaña a sus familias y a todos los colombianos que enfrentan sus consecuencias.