En la economía, como en la vida, lo que esperamos del futuro influye en lo que hacemos hoy. Una relación, por ejemplo, puede deteriorarse cuando alguien actúa convencido de que fracasará.
Algo parecido ocurre con muchas decisiones y variables económicas, entre ellas la inflación. Si muchas empresas anticipan mayores costos y aumentan sus precios para protegerse, pueden contribuir a materializar aquello que temían. Las expectativas tienen, por lo tanto, consecuencias.