Cuando pensamos en desarrollo, solemos imaginar una nueva carretera, un hospital, un puerto, un puente, una vivienda o una empresa que abre sus puertas. Sin embargo, detrás de muchas de estas transformaciones existen fuerzas que pasan inadvertidas, aunque sean esenciales para materializarlas. El crédito es una de ellas.
Su verdadera dimensión no se mide por los recursos que desembolsa, sino por las oportunidades que hace posibles. En el emprendedor que compra la maquinaria para multiplicar su producción; en la familia que accede a su primera vivienda; en el joven que financia sus estudios; en el agricultor que siembra una nueva cosecha; o en la empresa que abre una nueva planta y genera empleo. Reducir el crédito a una simple operación financiera es desconocer su verdadero alcance. El crédito no mueve únicamente dinero, mueve oportunidades. Permite anticipar el futuro, acercar metas y convertir proyectos en realidad.