Detrás de muchas historias de progreso hay un crédito, el motor que permite a una familia comprar vivienda, a un emprendedor abrir su negocio o a un joven financiar su educación. La evidencia empírica lo respalda, pues los países con mayor profundización financiera, es decir, con más crédito en proporción a su PIB, crecen más y reducen más rápido la pobreza.