Este año, en medio de guerras e incertidumbre, la humanidad volvió a mirar al cielo. La misión Artemis II reavivó una idea poderosa: que somos capaces de conquistar nuevos horizontes. Nunca habíamos llevado tan lejos una tripulación ni logrado traerla de regreso sana y salva en tan poco tiempo. Un ejemplo de ambición, planificación y sincronización, atributos que hasta hace muy poco también definían nuestra política de vivienda. Qué más quisiéramos que Colombia se pareciera a Artemis II, con cifras récord, metas cumplidas y un sector avanzando con precisión.
Pero la realidad es otra. Si hoy tuviéramos que compararnos con una misión aeroespacial, nos pareceríamos más a Apolo 13. Diseñada para llegar a la Luna, pero obligada a cambiar su rumbo tras la explosión de un tanque de oxígeno en pleno trayecto. El objetivo dejó de ser avanzar y pasó a ser sobrevivir. Fue entonces cuando su comandante pronunció una frase que quedó para la historia: Houston, tenemos un problema. En el sector vivienda, hoy, también tenemos un problema.